A P E R I T I VO S_lub
Plan Director Urbanístico de las Áreas Residenciales Estratégicas del ámbito del "Baix Llobregat"
Miquel Roa, 22 de Diciembre del 2008

La protección oficial, además de garantizar el acceso a la vivienda, debe ser el motor de las ARE. Éstas fueron concebidas en la burbuja del 2006, se alumbran en la charnela del auténtico cambio de siglo, y se desarrollarán en lo que resulte de esta transformación profunda. Con amplio consenso social y decidido impulso político, propusieron hacer un hueco a gente que no podía acceder a un mercado de la vivienda al rojo vivo. Más suelo para vivienda protegida era la consigna. Una perdigonada de un centenar de áreas residenciales estratégicas (ARE) impactó en la sufrida cartografía del país.

Velocidad frenética y colaboración inédita entre departamentos. Una centena y media de equipos profesionales conciben, gestionan y redactan los planes. Pasan cuatro meses - con agosto por medio- entre el encargo y la aprobación inicial. Se produce una estrecha cooperación transversal entre Generalitat, equipos y los ayuntamientos. Calidad, sensibilidad ambiental, transversalidad, consenso y productividad caracterizan esta primera etapa; que tendrá su validación en la tramitación que ha de concluir antes del 15 de marzo del 2009.

Hoy, con el mercado de vivienda libre congelado, la situación es bien distinta. A la protección oficial no sólo se le pide que cumpla la función social de acceso a la vivienda, sino también que sea el soporte básico de la promoción de las ARE. El valor del suelo de la protección oficial ha de asegurar la urbanización de los nuevos barrios. Todas han de ser posibles, pero algunas se han de impulsar con decisión: las que tengan una fuerte demanda social, repercusiones razonables de urbanización y clara aceptación institucional.

Nos hemos saltado el debate sobre la propia estrategia de las ARE, sobre su dimensión y dispersión, sobre la singularidad del modelo respecto al panorama europeo, sobre la calidad de los proyectos, sobre los niveles de sostenibilidad ambiental y económica. Debemos ir haciéndolo. Pero ante un país circunstancialmente desafecto y perplejo, hemos de recomendar el antídoto de la determinación. Ejecutemos el programa, a la vez que reflexionamos para mejorarlo.



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